Más allá de una fecha, un llamado a construir igualdad todos los días.
El 8 de marzo es una jornada que honra la lucha histórica de las mujeres por su participación plena, su dignidad y la igualdad de condiciones en todos los ámbitos de la vida. Desde principios del siglo XX, esta conmemoración ha buscado visibilizar los logros alcanzados y también las barreras que aún persisten en materia de derechos humanos, equidad salarial, acceso a la educación y eliminación de prejuicios sociales.
Respeto y justicia no son palabras abstractas: se traducen en políticas, en culturas laborales inclusivas, en escuelas que enseñan sin estereotipos y en familias que practican la equidad día a día. Combatir la violencia de género y las desigualdades estructurales implica educar, escuchar a quienes sufren discriminación y promover entornos seguros para todas las personas.
Hoy más que nunca, el compromiso con la igualdad de género involucra a cada uno de nosotros: reconocer los avances, señalar lo que falta y actuar con coherencia. Porque igualdad no es una concesión, es un derecho fundamental que debe ser vivido en cada gesto cotidiano.
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