Más que propósitos, elegí disfrutar de lo que realmente te hace bien.
El inicio de un nuevo año suele llegar cargado de propósitos: levantarse más temprano, hacer ejercicio, aprender algo nuevo. Sin embargo, también es una gran oportunidad para recordar algo esencial: disfrutar la vida, sin culpas, y celebrar las pequeñas cosas que nos hacen sonreír.
Las mejores resoluciones no siempre implican cambios drásticos, muchas veces son actos sencillos como compartir un momento de calidad con amigos o familia, reír un poco más y permitirnos un gusto de vez en cuando. Porque la vida es eso: una sucesión de instantes únicos, destinados a ser vividos con plenitud.
Compartir un café, una charla relajada después de la jornada, o una merienda improvisada puede ser tanto o más significativo que cualquier meta estricta. Y si ese momento incluye algo rico, como una galletita o un alfajor Turimar, el recuerdo se magnifica. Celebrar el año nuevo no tiene que ser un acto rígido: puede ser una invitación a la autenticidad, al disfrute genuino y a no olvidar que la vida también se saborea.
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