Hay un trabajo que no figura en ninguna agenda, pero hace funcionar todos los días.
Recordar turnos, saber qué falta en casa, estar pendiente de los horarios, acordarse de las cosas que los demás olvidan, anticiparse a un problema, preguntar cómo salió algo que pasó hace días. Una parte enorme de la tarea de ser madre está compuesta por pequeñas cosas que rara vez se ven y casi nunca aparecen en una lista.
Es ese trabajo invisible que muchas veces se vuelve automático para todos los demás. Y justamente por eso, reconocerlo también significa detenerse y mirar todo lo que hay detrás de esas tareas cotidianas.
Este Día de la Madre puede ser una buena oportunidad para devolverle un poco de todo ese cuidado. No necesariamente con un regalo enorme, sino con algo que muchas veces vale todavía más: tiempo. Prepararle el desayuno, hacerle una merienda, dejar que se siente y ocuparse de todo por un rato.
Un café, un té o unos mates acompañados por Galletitas Turimar Miel pueden ser parte de ese momento. Pero el verdadero regalo es que, por una vez, ella no tenga que pensar en qué falta, qué sigue o qué hay que hacer después.
Porque reconocer a mamá también es reconocer todo aquello que hace todos los días, incluso cuando nadie se lo pide.